miércoles

Tiempo justo


20 minutos y el cielo está nublado. La imagen no vale nada, es tu imaginación quien lo hace todo, y no soy yo quien escribe estas palabras, sino estas palabras que me (d)escriben y viven mi vida. Esclavo de los sentimientos.

El miedo habita en lo más profundo de nuestro ser. ¿Cómo llegaremos tan adentro para echarlo?

20 minutos y el teléfono que no suena. El teléfono suena cuando estás pacíficamente tumbado con tu mujer sobre las sábanas negras, cada vez más grises (¿lo pillas?). Se me acaba el tiempo junto a esta flor salvaje (porque hay flores salvajes incluso en este teatro vacío) y el puto teléfono no suena.

Por lo menos tengo el olor del té con leche, que me lleva siempre a tu casa (nuestra casa), ésa en la que dormíamos en el balcón.

7 minutos. Joder, ¿trece minutos para escribir esto? ¿En qué pienso cuando pienso en mí? "En mí", dirías tú. Bueno, a veces sí, es verdad. Aunque cada vez menos. ¿Cuántos ángulos has visto en mí? Lo digo por comparar, porque yo mismo me sorprendo cada vez que me doy cuenta de que todavía me sorprendo con tu inocencia (parcial, eso sí; 23 meses no pasan en vano, como el tren de la harmónica), la inocencia que se sorprende de darse cuenta de que las cosas pueden verdaderamente cambiar.

Sé ser bueno (supongo). Sé (bueno, supongo) que no entiendes nada. No importa: saca los pies del agua y ven a este lado. El viento ha cambiado y tengo que girar la vela mayor.

lunes

Porque sueño no estoy loco. Porque sueño no lo estoy


Escribir estas palabras no va a hacer que me sienta mejor.
Escribir estas palabras no va a hacer que mi madre resucite (mi madre, a la que nunca nadie llamó 'mamá').

Feliz cumpleaños, Ana.
Morir a los 47 casi te asegura una última imagen de belleza, si eso te preocupa. Y todos sabemos que beauty is in the eye of the beholder. Qué tiene eso que ver con la muerte de Tommy Cooper sólo Dan le Sac lo sabe.

Nunca sabré cómo hubiera sido mi madre con el pelo blanco.


Escribir estas palabras no hará que me sienta mejor hoy.
Escribir estas palabras no hará que el amor resucite.

Cuando tenía 18 años y me quedaba en casa aporreando una máquina de escribir verde a la que rebobinaba la cinta de tinta que había estado allí durante los últimos 21 años en lugar de ir a la universidad, entonces sí pensaba que escribir palabras como éstas (con tilde?) me haría estar mejor...

no sé.

Pensaba entonces que escribiendo y leyendo podría soñar que hay otro mundo, otras realidades. Porque soñaba no estaba loco.

-Demasiado Léolo, dice.

-Al menos no estaba en clase, digo.



Me pregunto si la próxima vez que desayune al sol estarás conmigo, tú que no lees esto porque estás buscando (sin encontrar aún) la soledad. Yo sí sé -sisesise- qué es la soledad, y le he sacado todo el provecho que tenía. Y tú hace meses que dices que la buscas pero no consigues cambiar las palabras por la luz de los ojos cerrados. Cuando te quedes sin nada sabrás dónde estás, y sabrás si todavía espero con la cesta llena de moras y vida, cada día, cada hora.
Mi nariz sangra ahora por culpa del Zalios Devynerios, y si no sabes lo que significa es sólo porque no has visto la etiqueta de la botella.

(Os odio a todos, cabrones. Por pensar que soy un hippie, por pensar que soy un okupa. Por pensar que estoy loco. No sabéis pensar).

En mi lujosa casa (la de las gárgolas en el balcón) sigo teniendo que ducharme con agua fría. Muy revitalizante, dicen. Aunque nunca lo he oído a las siete de la mañana. Lo único que oigo es el camión de la basura y las sirenas (ambulancias, policía, ¿a quién le importa un incendio o una pelea con cuchillos? Mi casa se quemó dos veces antes de los 20, y a ella la conocí viviendo en una cama prestada mientras los bomberos se llevaban mis vinilos cubiertos de cenizas).

What burns never returns.

Hace 12 meses estaba solo en Amsterdam. Hoy he comprado el billete de ida a la isla verde.

Hasta nunca.


[Y pensaba entonces que escribiendo y leyendo podría soñar que hay otro mundo, otras realidades. Porque soñaba no estaba loco. Porque soñaba no lo estaba]

miércoles

Plus ou moins


Mírame:

¿me ves?

Cierra bien los ojos
y mírame otra vez.


Atrévete a decirte
todo lo que crees.

Atrévete a creerte
y así podré yo también.

Ayúdame a olvidarte
pues te quiero conocer
Nos llama, ¿no le oyes?
¡Está a punto de nacer!