miércoles

Poco que decir (Fent camí)


Leer a la luz de una vela blanca, sin perfume.
Cancertropicado.
Paz en soledad.
Queso y pan con tomate.
Paseos en el bosque.
Liverpool y Bristol en la mente.

Placer pequeño que es el más grande.

Aprendiendo a saborear el polvo tragado
aprendiendo a compartir el té, la música
y los chistes que sólo son graciosos
porque hemos bebido demasiado.

Y hemos bebido demasiado
para parecer que somos parte del grupo
que estamos integrados
aunque ellos y nosotros dos sabemos que no...
Que no.

¿Qué nos importa!

Tenemos a Auster
als Esquirols y a Bukowski
a Llach y a Manson.
¡Incluso Ringo cabe aquí!

Tenemos tabaco para parecer misteriosos
chocolate para engañar al estómago
mujeres que nos dan miedo
y sueños que nos contamos a medias
porque se entiende todo.

Dormir en camas distintas es lógico
cuando nuestro trabajo es mear en los árboles
esquivar al revisor por los vagones
y levantarnos temprano para hacer canciones.

Horario de oficina en la montaña.

La muerte no nos importa:
podríamos seguir así siempre, ¡así siempre!
un concierto
unas bravas
escenas observadas a distancia y en silencio
muros de catedral cortando el viento de los textos que tú estudias y yo detesto.

Sabiéndonos accesorios y esclavos de sus ojos
liberados de objetos
(ni cuchillo tenemos)
juntando piezas para hacer un cazo que caliente el agua
todo el día.

Escondiendo el dinero entre dos libros
sacando todo
vaciando bancos prostituidos
comprando verdura que no viaja para ayudar al planeta a respirar.

¡Ja!

No somos nada, y es justo lo que queremos.
A veces gigantes e invisibles
intentando parecer serios
bailando con las balas que nos envía el cielo.

Bailando con las balas que nos envía el cielo.