.jpg)
Alguien me dijo el otro día que los artistas tienen gatos, y los soldados perros. Puestos a elegir, ¿es más fácil ser artista o soldado? Le he preguntado a Suri y sólo me ha mirado, bostezando. Le preguntaría a mi otra gata, pero no he visto a Mully desde hace demasiado tiempo. Demasiado.
Y me quedan cuatro horas para pensar, en este cochambroso tren que tiene más paradas que canas mi barba, pero será mejor esconderme entre las frases de Firefly, con sus pocas notas y sus muchos silencios y pausas. Monica vendrá precedida de un Sixpack, y eso compensa este frío que lleva acariciándome desde antes de salir a la calle.
Debería dejar el trabajo, y dejar que mis manos hablasen por mí.
Debería.
Esta ciudad ha sido mi Edén, y también el decorado para mi divina tragicomedia. El escenario lo llevo yo puesto, ya son 30 años. Una vez me pediste que te enseñara
algún día todos esos rincones y escondites mágicos de los que te hablaba, los que he ido conquistando, y varias veces yo mismo lo pensé. Incluso llegué a creer que lo haría. Pero es del todo imposible.
Si
algún día vienes a visitarme no podré hacerlo; lo vi claro hace poco, al comprender que nadie más podrá mirar estas calles, estas figuras, esta oscuridad, con mis ojos. Nadie podrá oler esta playa como yo lo hice. Y tú nunca podrás vivir esto como yo lo he hecho, porque yo volqué todos mis miedos y deseos y lágrimas y esperanzas en cada pequeño callejón, en cada banco solitario, en cada edificio, en cada plaza, en cada bar, en cada mesa de este lugar. Yo le puse la magia a esta ciudad, y me sirvió para seguir vivo. Yo te vi en cada paseo, a veces de frente y a veces conmigo, y me sirvió para seguir abriendo caminos. Yo te imaginé, escuchando y bailando cada vez que tocaba, y me sirvió para cantar más alto. Pero nunca podré mostrarte lo que sólo mis ojos han vivido.
Ahora tengo hambre, y el problema no es que tenga poco dinero; es que no hay comida. No hay nada para comprar, ni tampoco nada que robar. Y no hablo de pan, tomates, queso, arroz, o agua. Me refiero a otro tipo de alimento, ése que (supongo) todos necesitamos, aunque no todos (me temo) nos demos cuenta de ello.
Pero, patológicamente optimista como soy, me digo que el hambre agudiza el ingenio y despierta a las musas, quienes, a cambio de su ración de ilusión, te ofrecen sus hipnóticos tranquilizantes en forma de ideas desnudas que vestir de dibujos y melodías.
¿Quién construyó, trajo y unió estas vías? ¿Quién reunió y esparció el millón de piedras pequeñas sobre las que ahora viajo?
En invierno cierran muchas terrazas, el polvo se acumula, olvidado, y los árboles se desnudan para morir y descansar unas semanas, en espera de un tiempo mejor. ¿Quién les convenció de que siempre llega?
Hagamos lo mismo.