Mientras abro la puerta a la enfermedad inventada
y escucho tus lamentos arpegiados en la distancia
no espero que vengas a dormir a esta casa.
No quiero que tengas que muñir esta cara.
Ya no reconoces mis pisadas
ni recuerdas mi fragancia
te preguntas qué queda cuando la duda pasa.
Te preguntas qué hacer para deshacer tu cama.
Pero no puedo contestar
porque yo no sé nada:
sólo tengo una historia eterna
que acabas cada luna
al cerrar los ojos en el mar
de tu almohada
creyendo que no hay nadie
que crea en crecer en tu cuna.
Pero sí.
Sigo aquí.
Yo soy el que cada día cuida tu jardín
que atrae a todos los pájaros hacia ti
aunque después no escuches sus cantos.
Aunque después los dejes partir.
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