miércoles

Reflejos

Ah,
mierda.

Estaba tan bien
al fin
no te había olvidado
pero esta tan bien
sin ti
ahora que
ya me había acostumbrado.

Una llamada
de vez en cuando
alguna imagen
sin hacer daño.

Esta ciudad empezaba a gustarme
las semanas iban pasando
y yo sonreía a todo el mundo
en la cola del supermercado.

Y justo hoy,
cuarenta y nueve días después,
abro la maleta
y encuentro tu toalla
y algo que escribiste en un papel.

Y mando callar a mis promesas
y sólo quiero volver a esa calle
donde nos besamos por última vez
aguantando
contra la pared
para no arrancarnos la ropa
mirando alrededor
sin separar las bocas
con la ansiedad del principio del invierno
que otra vez pasaremos solos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

los inviernos son muy largos... y el frío nunca perdona.